Acción correctiva y remediación

Identificar un problema y corregirlo son dos tareas distintas.

Una vía estructurada desde un hallazgo identificado hasta una corrección que se comprende, se implementa y se documenta.

Por qué la corrección tan a menudo no se sostiene.

Un hallazgo puede provenir de una revisión interna, una evaluación de calidad, una inspección de acreditación o una determinación externa. Lo que suele seguir es un plan de acción correctiva, una revisión de políticas, un formulario de constancia o una capacitación general.

Cada una de esas medidas es razonable. Lo que ninguna establece por sí sola es si se comprendió la causa de fondo, si el proceso realmente cambió o si las personas involucradas ahora abordan el trabajo de otra manera.

Esa comprensión es lo que hace que la corrección sea duradera.

Tres preguntas que vale la pena responder.

La remediación estructurada tiene menos que ver con el papeleo que con llegar a respuestas honestas a tres preguntas, en orden.

01

¿Qué ocurrió realmente?

Establecer una imagen clara y objetiva del hallazgo y de las condiciones que lo rodean, antes de sacar conclusiones sobre el porqué.

02

¿Por qué ocurrió?

Las deficiencias suelen tener un origen específico: una brecha de conocimiento, un hábito de documentación, un flujo de trabajo que dificultaba hacer lo correcto, una política que nunca se llevó a la práctica o un sistema configurado de una forma que nadie volvió a revisar.

03

¿Qué ha cambiado desde entonces?

La corrección solo tiene sentido si algo es distinto después: en el proceso, en la comprensión y en el registro.

La educación dirigida a la causa equivocada no corrige nada.

La razón más común por la que fracasa la remediación es que se imparte instrucción antes de que alguien haya determinado qué salió mal. Un hábito de documentación se trata como una brecha de conocimiento. Un problema de flujo de trabajo se trata como un problema de capacitación. La sesión se imparte, todos asisten y el patrón regresa.

Por eso el análisis va primero. Una vez clara la causa, la corrección suele ser más pequeña, más específica y mucho más probable que se sostenga.

Un registro claro del trabajo realizado.

Un alcance definido

Qué se aborda, quién participa y qué se documentará, acordado por escrito antes de comenzar el trabajo.

    Una comprensión de la causa

    Una explicación clara de por qué ocurrió el hallazgo, lo que permite que la corrección sea específica y no general.

      Documentación del trabajo

      Un registro estandarizado que describe lo que se entregó, lo que se verificó y cualquier asunto que siga abierto.

        Qué representa la documentación de finalización.

        Describe el trabajo realizado y lo que se observó. No es una garantía de ningún resultado ni anticipa ninguna decisión de un tercero. El trabajo que no se completó se registra con exactitud.

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